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Vislumbres | Preludios de la conquista – El Noticiero de Manzanillo

enero 14, 2021

Noticias en Colima

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Noticiero en Colima


Capítulo 29

UN GRAN ENREDO

Como se logra entrever en los testimonios que recabó fray Jerónimo de Alcalá, fue aproximadamente en 1479 cuando Tzitzicpandácuare decidió reforzar los dominios que un tiempo atrás su padre y sus tíos habían tratado de ampliar desde la región de Pátzcuaro hacia el occidente de su territorio, llegando a “Carapan, Tamazula, Zapotlán” y otros “pueblos nahuatlatos” que hoy pertenecen tanto a la porción occidental del estado de Michoacán, como a la suroriental Jalisco. Iniciándose con eso un esfuerzo de expansión que a la postre tendría que golpear a la gente de Colima y sus alrededores.

“La Relación”, sin embargo, es muy parca sobre este aspecto, así que, picado por la curiosidad, me puse a buscar otros autores y otras fuentes, encontrándome con que,  desde hace más de cien años, varios otros investigadores se sintieron atraídos por tan  desconcertante asunto, al que, abordándolo con singular interés, mucha imaginación y muy cortos informes, llegaron a nombrar “La Guerra del Salitre”.

Guerra que, en apretada síntesis, se habría producido, según eso, porque no teniendo el territorio tarasco salida entonces al mar, sus habitantes carecían de sal, mientras que a sus contemporáneos de los pueblos situados alrededores de las lagunas de Tzapotlan, Tzayolan y Tzacoalco, enemigos suyos, ese importante producto les sobraba.

Vista esa situación, y empujado entonces por esa supuesta necesidad, Tzitzicpandácuare habría encaminado sus huestes hacia esos lares con el fin de apropiarse de los extensos salitrales en que aquéllos se abastecían. Aunque, cuando ya estaban los tarascos a punto de avasallar a sus enemigos, habría irrumpido también en la escena, con un gran grupo de feroces guerreros acompañándolo, el “Tecuhtli” (o “rey”) de Coliman, quien al acometer con tan sorpresiva e inesperada fuerza, habría logrado que la gente del Cazonci se retirara del territorio.

Sólo que, al revisar los datos con un poco de sentido crítico, empecé a notar que, sin ser mentira lo que se decía, había en todo ello una muy notable revoltura de tiempos, circunstancias y personajes que impedían que la historia “cuadrara”. Por lo que decidí tratar de desentrañar el asunto, encontrándome con la novedad de que, aun cuando no parece haber sucedido como se los acabo de exponer, la irrupción del ejército tarasco en la zona lacustre de Tzapotlan, Tzayolan y Tzacoalco sí fue un hecho real, aunque no sólo no tuvo como causa inicial la necesidad de buscar el mencionado salitre, sino que se debió a una especie de revancha que Tzitzicpandácuare habría intentado a consecuencia de un poderosísimo  ataque que el gran tlatoani Axayácatl, “rey” de los aztecas, lanzó en contra del pueblo michoaque para conseguir entre sus guerreros las muchas víctimas propiciatorias que en honor a Huitzilopochtli habrían de ofrecerle el día en que consagrarían la hoy muy famosa “Piedra del Sol”. Y porque desde su perspectiva “los tecos” habrían colaborado con Axayácatl en ese intento.

Y como yo ignoraba todo lo que sobre este evento se había escrito, “me piqué” leyendo y durante cinco o seis semanas casi todo lo que anduve hurgando tenía que ver con eso. Habiéndome podido encontrar con un montón de interesantísimos datos que nadie, de viva voz, en Colima, me había platicado jamás.

 

UN “NUEVO REFERENTE” EN LAS CIRCUNSTANCIAS DE GUERRA Y POLÍTICA DE LA REGIÓN

Pero no piensen amigos, que voy a cometer el error de darles santo y seña de todos esos autores y sus escritos, y lo único que sí voy a tratar de hacer es un resumen “digerible” para que también se enteren de todos esos hechos, y a la mejor se animen a “ver la película completa”. Así que, con su permiso (o sin él), me parece muy necesario repetir que, confusa y todo, la primera pista que seguí al respecto apareció en “La Relación de Michoacán” y, dice lo siguiente:

“Y entraron en (reunión de) consejo Hiripan, Tangáxoan e Hiquíngaje y dijeron: ‘hagamos señores y caciques por los pueblos, que placerá a los dioses que se sosiegue la gente’… E iban poniendo caciques en todos los pueblos; y hasta mujeres mandaban (en ellos)… Y otro señor hijo de Hiripan, conquistó un pueblo llamado Carapan, y el padre y agüelo deste Cazonci muerto, conquistaron a Tamazula y Zapotlán y los pueblos Dábalos (sic) y lo demás”.

La referencia es, insisto, confusa y difusa, pero si la revisamos con atención y paciencia, resulta que, por un lado, no está haciendo alusión a un solo intento de conquista sino a tres: el del “hijo de Hiripan”; el de Tzitzicpandácuare y el de Zuangua.  Por otro lado, que “el Cazonci muerto” al que se refieren los informantes de fray Jerónimo de Alcalá, se llamaba Tzimtzicha o Tangáxoan II, y fue mandando asesinar por el conquistador Nuño Beltrán de Guzmán entre los últimos días de 1529 y  los primeros de 1530. Cazonci cuyo abuelo y padre fueron, precisamente, Tzitzicpandácuare y Tziguanga o Zuangua, personajes cabalmente históricos, dado que el primero gobernó a su pueblo desde aproximadamente desde 1470 hasta 1510; y el segundo desde 1510 hasta la llegada de los españoles.

En este contexto cabe saber que Carapan sigue siendo hoy un pueblo indígena muy bonito que está “a la entrada de la Cañada de los Once Pueblos”, como quien va uno desde Morelia hacia Tamazula y hacia Ciudad Guzmán, Jalisco, por el que así como hoy pasa la Carretera Nacional número 15, pasó antes el Camino Real de Colima.

Adicionalmente cabe señalar que, como lo precisó muy bien don Eduardo Ruiz, experto en el idioma tarasco, cuando “La Relación” habla de que conquistaron pueblos como Carapan, Tamazula, Zapotlán “y demás”, se estaba refiriendo a un grupo de pueblos distintos a los isleños o purépecha, y que ellos mismos nombraban téquecha, a los que nosotros hemos conocido como “los tecos”. Nada más, pero no nada menos.

Este “pequeño detalle” adquiere para los colimenses, y para la gente del poniente del actual estado de Michoacán, y la del oriente de Jalisco, una dimensión totalmente inesperada e insospechada, porque según una muy antigua (y por lo visto equívoca) creencia, los tecos eran únicamente los dos grupos que habitaron en Tecomán y Tecolapan, Colima. Siendo que, como lo señaló don Eduardo Ruiz, en los tiempos que gobernó Tariácuri, Tzacapu era “la metrópoli de los tecos”.

Cuando hace como 33 años leí esta última frase me quedé literalmente “alelado”, pero cuando, años más tarde, acometí la lectura de lo que recordaban los viejos con quienes platicó fray Antonio Tello, llegué a la conclusión de que, si no todos, muchos de los pueblos que las tribus nahuas fundaron durante su “peregrinar” por una gran parte de lo que hoy son los estados de Jalisco, Colima y Michoacán, fueron a los que los purépecha, denominaron “téquecha” (o tecos). Aunque ellos, a su vez, hayan tenido sus propias diferencias regionales.

En este sentido, pues, recordando lo que los informantes del padre Tello le dijeron respecto a que un grupo de “mexicanos” había salido desde las orillas de Chapalac “hacia el oriente”, y pasando por “Huáscatos, Numarán, Pénjamo y Conguripo”, siguieron “hasta dar vista a la laguna de Tzintzuntzan”, cobra una nueva dimensión. Porque, como bien sabemos, ese recorrido no lo hicieron ni en quince días ni en un mes, sino en un número indeterminado de años, fundando esos pueblos, y no pasando nada más por ellos.

Cosa que igualmente podemos afirmar respecto a “las demás familias” que, viniendo desde la lejana Aztatlán, habían hecho su recorrido “por Colima en adelante”, siguiendo toda la costa hasta Zacatula. (Cotinuará)

Carapan sigue estando en uno de los extremos de “La Cañada de los Once Pueblos”, Michoacán, sobre lo que fue el Camino Real de Colima. Templo de San Juan Bautista, en Carapan. | Foto: Especial

Fuente

Diarios de Colima